En el umbral de 2026, los mercados emergentes marcan un hito histórico: captan flujos de capital récord histórico mientras exhiben un crecimiento económico superior al de economías desarrolladas. Este fenómeno, impulsado por una demografía favorable y urbanización acelerada, redefine las oportunidades globales y promete transformar las dinámicas financieras y sociales en las próximas décadas.
Panorama Global
Los datos de organizaciones internacionales revelan que los mercados emergentes crecerán a un ritmo promedio de 4,2% en 2026, frente a 1,7% en las economías desarrolladas. Este diferencial de casi tres puntos porcentuales no solo evidencia un vigor renovado, sino que subraya un desplazamiento de capitales sin precedentes: en enero de 2026, se registraron US$98.800 millones en flujos de cartera hacia estos mercados.
Este auge se sustenta en varios pilares: demanda interna en expansión, industrialización acelerada y la reapertura de cadenas de valor globales. Mientras las economías avanzadas enfrentan desafíos de bajo crecimiento y déficits fiscales, las emergentes mantienen fundamentales sólidos y cuentas externas que elevan su resistencia a shocks externos y optimizan su perfil de riesgo-retorno.
Actores Principales
Asia emergente se erige como el epicentro de la nueva oleada: India proyecta un crecimiento de 6,5%, Vietnam roza el 6% con estrictos estándares ESG, e Indonesia supera el 5%. México y América Latina, por su parte, consolidan su atractivo gracias al nearshoring y la cercanía con Estados Unidos, alcanzando un crecimiento estimado de 2,4% y exportaciones que representan más del 40% de su PIB.
Además, regiones como África Subsahariana y Medio Oriente/Norte de África muestran tasas superiores al 4%, diversificando aún más los destinos de inversión y subrayando la amplitud del fenómeno.
Catalizadores del Crecimiento
Cuatro factores actúan como motores principales de esta explosión de oportunidades:
- Ciclo global acelerado y liquidez creciente, que impulsa la inversión y relaja condiciones monetarias.
- Dólar notablemente débil y competitivo, mejorando los retornos en monedas locales.
- Materias primas en alza constante, beneficiando a exportadores de metales e hidrocarburos.
- Fundamentales sólidos y cuentas externas, que reducen el riesgo de crisis financieras.
Riesgos y Equilibrios
Pese al optimismo, existen desafíos que exigen vigilancia y gestión activa. La volatilidad de divisas, las tensiones geopolíticas y la fragmentación de cadenas globales pueden generar retrocesos temporales. Asimismo, el desempeño de China, limitado por su crisis inmobiliaria y un consumo interno estancado, representa una incógnita para el conjunto de economías emergentes.
- Volatilidad de divisas y movimientos especulativos.
- Fragilidad política y desigualdades sociales crecientes.
- Incertidumbre en China y su impacto global.
- Desafíos en la transición hacia la sostenibilidad ESG.
Perspectivas y Estrategias
Mirando al futuro, la inversión en mercados emergentes debe contemplar un enfoque de largo plazo que aproveche la clase media emergente con alto potencial y la digitalización acelerada. La diversificación regional, la combinación de renta variable y fija, y el respeto a criterios ESG se convierten en ejes clave para capitalizar el crecimiento sin descuidar la resiliencia.
- Invertir a largo plazo aprovechando ciclos estructurales.
- Diversificar geografías y sectores para mitigar riesgos.
- Equilibrar activos de renta variable y renta fija local.
- Priorizar la transición hacia la sostenibilidad ESG.
En definitiva, los mercados emergentes en 2026 ofrecen una confluencia única de oportunidades de inversión y transformación social. Su explosión de crecimiento no solo redefine portafolios, sino que contribuye al desarrollo global, al empoderamiento de nuevas clases medias y a la construcción de un futuro más dinámico y equitativo.